El interés simple es un método de cálculo mediante el cual los intereses se generan únicamente sobre el capital inicial invertido o prestado. Esto significa que los intereses obtenidos en cada periodo no se suman al capital para generar nuevos intereses, por lo que el crecimiento del dinero es constante a lo largo del tiempo.
Este sistema se utiliza habitualmente en algunos préstamos, depósitos a corto plazo y otros productos financieros en los que la rentabilidad o el coste se calcula siempre sobre la cantidad inicial.
¿Cómo se calcula el interés simple?
El interés simple se calcula teniendo en cuenta tres factores: el capital inicial, el tipo de interés y el tiempo durante el que el dinero permanece invertido o prestado.
Los intereses generados serán siempre los mismos en cada periodo, ya que se calculan únicamente sobre el capital inicial y no sobre los intereses acumulados. Una vez obtenidos los intereses, el capital final será la suma del capital inicial y el total de intereses generados.
Esta calculadora realiza automáticamente este cálculo para mostrar tanto los intereses obtenidos como el importe total al finalizar el periodo seleccionado.
¿Qué diferencia hay entre el interés simple y el interés compuesto?
La principal diferencia entre ambos sistemas es la forma en que se generan los intereses. Con el interés simple, los intereses siempre se calculan sobre el capital inicial, por lo que el crecimiento del dinero es lineal y la cantidad de intereses obtenida en cada periodo permanece constante.
En cambio, con el interés compuesto, los intereses se incorporan al capital y empiezan a generar nuevos intereses en los periodos siguientes. Este efecto de capitalización provoca que el crecimiento del dinero se acelere con el paso del tiempo, especialmente en inversiones de largo plazo.
Por este motivo, el interés simple suele emplearse en operaciones financieras de corta duración, mientras que el interés compuesto es más habitual en productos de ahorro e inversión a largo plazo.